sábado, 9 de diciembre de 2017

ASÍ SOMOS

Así soy yo. Miel de limón, mostaza caramelo que pasea por el cielo sin brillo, sin dolor, como un reguero de amor que me mató sin mirarme, saboreando... tu canción. Destinos desiertos de prisas y zancadas inquietas de amargor. Así eres tú. Todo dulzura cargada de razón, mente, pasión, nubes en mi corazón, sentido de mi rabia y casualidad de mi oración. Te busqué en otro mundo y allí, allí mismo, encontré tu don. Así somos, cambiantes como mareas caminando por ese callejón... Ese que tanto conoces, empinado, bañado en oro y sol cuando el verano amanece por las ventanas de nuestro balcón.

No me gusta que me llamen amor. Llámame cariño, vida, llámame "chiqui", o búscame un color. Llámame como quieras, pero llámame... Que ahí estoy yo. Y no pulses el botón de apagar los sueños; que los sueños, sueños son y no tienen duración, se bajan de la cama y corren por el pasillo golpeando el frío suelo con el miedo y la pasión.

Así somos. Poseedores de pequeños sueños compartidos sin penas rotas ni grietas que se abran paso en la vida o en la flor.

Así somos los niños. Como tú; como yo.

sábado, 2 de diciembre de 2017

VIEJOS PASADOS

El pasado siempre será viejo. Porque lo nuevo, o es actual, o deja de existir en cuanto deja de ser nuevo. El pasado nos juzga, nos miente, nos delata... nos convierte en una especie de pseudo-autómatas que nos obliga a repetir, a imitar, o a igualar hechos y actos que una vez fueron erróneos y el resto del tiempo, según quien mire, pueden parecer acertados, aunque nos cueste admitirlo. El pasado está todo el tiempo convirtiendo en una encerrona tras otra cualquier motivo del presente que carezca, precisamente, de motivo. Nunca mejor dicho. Y, como pasado que es, lo odio; por los cuatro costados. Mide nuestra inteligencia emocional y convierte el presente en una rutina no deseada. Esto, desgraciadamente, es así. Luego está la gente que vive demasiada anclada al pasado o la que se desprende del mismo como quien pasa la hoja de un libro sin leerla. Lo complicado, como siempre, es encontrar el término medio. Podemos pasar toda una vida buscándolo y convertir nuestro presente en un pasado aburrido y obsoleto. Tal para cual.

Necesitaría todo un libro para explicar todo lo que cambiaría de mi pasado. No es arrepentimiento, no; es, simplemente, falta de madurez, supongo. Lo que hice mal hubiera querido hacerlo mejor, pero no supe. Tampoco es el momento de lamentar. Lo que hice bien también hubiera querido hacerlo mejor, más que nada porque eso es lo que aumenta la madurez de la persona; nunca estar satisfecho de lo que se hace, sabiendo que siempre se puede mejorar. Es lo que se llama experiencia. Lo que no puedo es imitar todo el rato mi comportamiento para agradar a mis compañeros de vida por el mero hecho de que siempre hubo un pasado mejor. La vida junta manos y crea vínculos conforme avanza, sin mirar la ventana que apunta a su retrovisor. Siempre avanza hacia adelante. 

Lo siento en el alma. Echamos de menos los momentos inolvidables, tanto los que quisiéramos volver a vivir como los que no quisiéramos ni recordar. Echamos de menos el pasado porque sabemos que no volverá. Envejecemos. Y no queremos envejecer... por eso echamos de menos, para bien o para mal. Pero la persona ligada al momento, realmente, si no me aporta nada, me es totalmente indiferente. Otra cosa es que me crean o no, pero bueno... eso ya no depende de mi. Así que no es algo que eche de menos, la verdad.

La vida olvida su pasado. Nosotros no. Ese es el problema.

sábado, 25 de noviembre de 2017

TRES LUCES

A veces pienso, luego no siempre existo. Lo bueno de ser uno mismo es que solo yo me puedo entender. Lo malo es que solo puedo demostrar mi verdad ante mi. De los demás solo puedo esperar que me crean o no, que confíen o no, que me quieran o no. El problema de todo es que uno nunca sabe cuándo lo va a hacer bien, sin caer en el error de hacerlo bien por el simple hecho de que nos acaban de decir que lo estamos haciendo mal. Quizá tendría que haber esperado a que dejara de doler... pero hay cosas que duelen siempre. Como dije antes, acertar el momento es lo difícil. Lo fácil es aparentar. Dicho esto, alma mía de sangre y calor, quien me entiende sabe donde escondo la ilusión y el amor, y me visto, de hielo, para abrigar a un pequeño corazón que a veces olvida el miedo, pero que nunca, nunca va a olvidar el temor.

Tengo que confesar que nunca podré agradecer todo lo que recibo de más en mi vida, que es mucho. También intento dar yo todo lo que puedo, pero existen límites, para todos y para todo en esta vida. Más sentimiento que pasión, podría decir. Porque lo material es tangible, y como tal, con el tiempo, se deteriora. El olvido del sentimiento no envejece cuando veo pasar los segundos de mi reloj.  En fin...

Para ser sincero, con la mente me expreso con unas palabras y con las teclas me salen otras, aunque el significado se puede asemejar... o al menos, lo intento en la medida de lo posible. Sé que nunca voy a ser lo suficientemente bueno para nadie, porque aún no he conseguido ser lo suficientemente bueno para mi. Pero sigo en el camino, y eso es lo que importa. 

Cualquiera de mis tres luces me ayudará a no perderme.

sábado, 18 de noviembre de 2017

TRES AÑOS Y UN DÍA

En el ámbito global de un mundo centralizado, donde el número tres resulta ser el favorito de un servidor, cuando hablamos de tiempo, sean horas, segundos o meses, cualquier número resulta irrelevante. Lo es tanto en cuanto que no deja de ser menos cierto que un número jamás puede medir un tiempo transcurrido si pensamos dicho concepto como demasiado abstracto. Lo que para algunos puede parecer corto, para otros se les puede hacer eterno. Hablo, evidentemente, de intervalos de tiempo. Aún recuerdo aquél día en que me casé cuando, antes de entrar en el banquete, se me acercó mi ex cuñada, hermanísima de la novia, y me advirtió del cuidado que yo debía de tener para no hacerle nada malo a su querida hermana, mi recién nombrada mujer. Sí, luego comentó que no era más que una broma, pero ahí quedó dicho. Lo que no recuerdo es que alguien de los míos le dijera algo similar a la que ahora es mi ex...
Hace tres años y un día que tuve que dejar mi casa. Huyendo como un criminal, pensarán algunos... o para salvaguardar mi integridad, como me gusta pensar a mi, tras una amenaza de mi ex con denunciarme por maltrato. Es una pena que la hermana de mi ex no la advirtiera a ella misma; se ve que algunos piensan que siempre son ellos los buenos y todo lo hacen bien. No sé qué es lo que me ocurre con el número diecisiete. Un diecisiete me marché de casa. Mi madre (y mi ex suegra) cumplen un diecisiete, y me tocó dicho número en la calle donde viví hasta que me marché, sin abandonar esa hipoteca gratuita ya para algunas que, casualmente, también firmé un diecisiete. Todos de diferentes años y meses, pero no dejo de pensar en esta curiosa casualidad. Y todavía no ha terminado este dos mil... diecisiete...
Aún quedan cosas por demostrar, pero no me voy a esconder porque no tengo nada que ocultar. Todo lo contrario. He pensado enseñar la verdad de todo lo que ocurra. Y no es una amenaza, sino una realidad. Porque el tiempo dirá quien es digno de arrepentimiento y quien es nulo en verdad. Porque marché sin olvidar, recordando mis defectos y anotando mis virtudes en una libreta llamada libertad. No me van a callar. Pero sumemos uno al diecisiete y añadamos el mes de abril para pasar página y cumplir años que me permitan seguir olvidando.
Algunos acusan de falsos sin demostrar... otros simplemente demuestran la verdad. Y verás los sonrojos en el rostro de la mentira...

sábado, 11 de noviembre de 2017

LA LADRONA DE SUEÑOS

Tristezas en el mundo hay infinitas. De todos los olores, mezcla de pasión, sentimientos inclinados sin odio ni razón. Talentos llenos de miedo; tesoros sin roja flor. Las tristezas adornan nuestras vidas y las cogemos con resignación. Pero uno termina pensando y llegando a la conclusión, sea del tipo que sea, sin alivio, sin dolor. Y con tristeza se asumen las cosas que, sin remedio, tristes son. Siento que mi hija no es libre y esa es la gran tristeza de mi corazón. Porque existe la discriminación, sí, esa que abusa de la falsa igualdad que venden por doquier en la esquina de cualquier papel. 

¿Dónde está la libertad de un niño que no puede elegir con quien quiere estar? Aunque no sea racional. Aunque sea desigual. Porque puede ser que mi hija, aunque desconozca los motivos, revela los deseos y sueña con vivir. Y no hay mucho más que explicar. Pide lo que quiere, y eso, para mi, es suficiente. Aunque no sea racional con lo que pide ni consecuente con lo que la situación acarrea.

Reconozco que mi ex tiene toda una vida de adjetivos calificativos que podrían ser dueños de su poco saber estar. Pero el principal, para mi, es el de ladrona de sueños. Y eso sí que no se debería permitir. 

sábado, 4 de noviembre de 2017

VÍCTIMAS INDIFERENCIADAS

Si nos fijamos en los detalles, nos daremos cuenta de que no podemos estar en todo. Siempre hay cosas que se nos escapan. Suena a contradicción, pero es una norma en toda regla. Hay quien quiere estar, y hay quien está sin querer. Después de todo, nada es lo suficientemente grande como para escapar sin saber que necesitamos escapar. Porque algunos lo saben, pero otros lo ignoran. Las casualidades existen, pero no se producen cuando queremos, sino cuando surgen, así, sin más. Más desea volar el que tiene alas y no le responden que el que carece de ellas y tiene la mente lúcida. 

Algunas vidas no nos importan en absoluto, aunque se empeñen en ello. Otras, sin embargo, entran en el entredicho de lo susceptible. A veces dan pasos que interfieren en vidas ajenas y, a su vez, inocentes. La risa proviene del más allá cuando la sonrisa permanece lejana y escondida en la rendija de la soberbia. Por eso no siempre sonrío cuando se ríen de lo que ni ellos mismos entienden, ni río cuando veo sonrisas carentes de personalidad. Algunas, y hablo en femenino, tienen el ego tan subido que no necesitan trampolín para darse besos en su propia mejilla. Mientras exista la demagogia como arma sexista jamás existirá la igualdad entre personas. El sexo no determina al asesino, y la propia ley se suicida cada vez que un inocente muere. El problema es que sigue habiendo mucho odio al género masculino y mucha hipócrita que se aprovecha de ello. Y mucha manipulación, muchísima. Es el motor del sistema que lo mueve todo: esconde lo que no interesa y tergiversa lo que interesa para que parezca más real... o menos real. Al gusto del consumidor.

Para todo hay distancias y distancias; Burgos está a la misma distancia que Cuenca... sólo hay que saber calcular la fuerza según la dirección donde queramos dar la patada. Bueno, no tiene por qué ser una patada...

sábado, 28 de octubre de 2017

COBARDE HASTA EL FINAL

Esta semana aprendí a olvidar cuando, sentado en el banquillo, recordé que la verdad se puede esconder tras una máscara que la justicia se encarga de maquillar. Mentiras y tiempos muertos, caras llenas de suciedad y nervios, muchos nervios por un temor justificado: la justicia está tan ciega como la vara de medir verdad. Allí sentado pude comprobar que no han perdido ni un ápice de cobardía, esa que usaron para camuflar una realidad que día tras día se hace patente en una forma de caminar, mirar, sentir, llorar, abusar, mentir, estorbar, susurrar, engañar y manipular. Nada de eso ha cambiado, y no creo que vaya a cambiar. En este juicio llamado vista aprendí muchas cosas más, como que los abogados buscan cualquier letra bis de cualquier punto bis de cualquier artículo bis de cualquier ley escondida en un cajón para intentar desmontar lo que la razón entiende. Aprendí que no son capaces de mirarme a la cara, que la escasez de vergüenza la llevan de bandera y que los argumentos brillan por su ausencia amparados en recónditos apartados de leyes que, esta vez sí, puede que den razón, pero carecen de toda lógica en el ámbito jurisdiccional. 

Finalmente, vi cómo engañaron a todo ser razonable que intentó negociar, con falsos acuerdos e intenciones de buena fe. Esto no quise aprenderlo... debes tener el título de ruin para poder hacerlo. Y ahí la justicia cayó en su propia trampa, ampliando un plazo que nos llevará, con toda seguridad, a una nueva vista seguramente más radical, sin medias tintas y donde todo puede pasar.

Pero, ¿quien dijo miedo? A mi se me está quitando el miedo hasta a volar. Volemos, pues, y veamos desde el cielo si la ley es justa o, simplemente, si la justicia es legal. Porque hay quien mira de frente... y hay quien no se atreve ni a mirar. 

Que cada cual elija su bando.